Perdemos nuestra información personal casi al mismo ritmo que la creamos. Acumulamos una enorme cantidad de datos que en ocasiones no nos preocupa mantener o tener vigilados y los acabamos olvidando o destruyendo. Entramos hace tiempo en una era digital basada en la creación y acumulación de información creciente, sin anchuras, zettabytes de datos (un billón de gigabytes) que se agolpan en la memoria de millones de aparatos electrónicos.
Actualmente desarrollamos buena parte de nuestra vida en la red, y los datos que generamos en ella no acaban por volcarse en formato físico, se quedan tras la pantalla, y si tenemos suerte, nos acordaremos de vez en cuando que están ahí. Ya no revelamos fotos, ni enviamos cartas, ni guardamos discos. Ahora todo es prácticamente digital, y los datos que antaño tuvimos en disquetes, casetes o discos los hemos perdido por degradación del soporte físico o porque los programas informáticos que deberían leerlos ya han quedado obsoletos.
Ante la imposibilidad de almacenar todos los datos importantes para nosotros, se pueden dar soluciones paliativas. Una de ellas es plasmar toda la información en soporte físico y guardarlo de manera adecuada, pero ocuparía mucho espacio que no estamos dispuestos a perder.
Las nubes de datos es una opción, plataformas como Dropbox o Google Drive, tanto de forma gratuita como pagando por más memoria, nos permite almacenar información de manera online sin ayuda de un USB o memoria externa. El acceso a esa información puede darse desde cualquier dispositivo electrónico con conexión a internet.
Uno de los últimos modelos de Pen-Drives que se están viendo en el mercado son aquellos que con conexión wifi pueden actualizar desde el ordenador la información que queremos almacenar.
Antes de finalizar la década habrá en el mundo cerca de 44 zettabytes de información. Almacenar semejante cantidad de datos es complicado, pero todo depende del compromiso que cada uno tenga con resguardar aquello que le interese de forma digital.

